top of page

EL PEOR DE LOS VIRUS

  • Foto del escritor: David Roca Basadre
    David Roca Basadre
  • 14 ago 2020
  • 5 min de lectura

Actualizado: 28 ago 2020

EL PEOR DE LOS VIRUS

Por David Roca Basadre



Los pueblos amazónicos despiertan de nuevo

La agresión del Estado contra poblaciones indígenas amazónicas asume la forma, nuevamente, de una embestida policial. Pero esa es solamente la continuación de una agresión sostenida en el tiempo y que consiste en tomar tierras ajenas para cualquier actividad, la que fuere, que satisfaga la necesidad de seguir en la ruta trazada por la mega sociedad de consumo, a costa de otros. De los que menos cuentan.

No hay violencia nueva, no ha sacado nadie de la manga un acto ocasional de violencia, fuere esta vez en los campos petroleros. Es el proceso de siempre, es la repetición de la tragedia cauchera en el Putumayo que, por eso, no quieren que nadie conozca en la escuela. Los tiempos cuando el presidente Leguía protegía a Julio César Arana y promovía ocultar todo el martirio de las poblaciones indígenas, porque los recursos del caucho eran demasiado importantes para la hacienda pública. No se ha variado para nada el esquema. Hoy el presidente Vizcarra, tras la huella de todos los que le antecedieron, manda balear, ordena reprimir violentamente aún a costa de dejar morir, y manda mentir para proteger los intereses de la empresa privada y el petróleo ese de la selva que permite al Estado importarlo menos.


Hoy, como en los tiempos de la explotación cauchera en el Putumayo



Y la prensa miente porque deforma lo que ocurre cuando ya no le queda más remedio que decir algo. Y es que alguna consigna oculta les ordena no decir que en las zonas de actividad petrolera hay genocidio y hay ecocidio, y no reciente, sino que ha transcurrido casi medio siglo de persistentemente promover desgracia de pueblos indígenas, por obra de los mismos que, seguramente, lloran enternecidos ante escenas de alguna película norteamericana sobre el martirio de judíos por el nazismo.

Matar indios es tan natural

Existe una obsesión totalitaria, extremista, en quienes en nombre de una libertad que se les antoja imponer como les parece y juran que no hay otra manera de vivirla, recurren a subterfugios del lenguaje para justificar que sacrificar indios es una necesidad. Aplauden las balaceras y desgracias producidas en Espinar, en Las Bambas, en Arequipa, en Cajamarca, en Requena, como hacen diez años en Bagua, y llaman terroristas a los que solo defienden sus modos de vida.

No hay diferencia alguna entre el terrorismo por colectivismo forzado de la URSS y hasta de los khemeres rojos, con el terrorismo sangriento de quienes promueven la devastación de tierras y destrucción de aguas, y generan pobreza como la que hoy rodea – por ejemplo – a la ciudad de Cajamarca con pueblos jóvenes forjados por los escapados de la destrucción por minería, en nombre de un individualismo que ampara y promueve la prepotencia, en nombre de libertades individuales que tienen precio en el mercado, que cuestan caro y que solo ellos pocos pueden comprar.

Este país desigual, que sostiene su PIB no con minería sino con lo que gastan los informales que desprecia y el empleo que estos producen, con la exportación de cocaína, con la tala ilegal, con la minería ilegal, todo ello tolerado, y que se desploma por un virus y se desplomará más porque vienen más virus porque no hace nada para prevenir aquello (supongo que porque no es rentable), este país desigual tiene además montado un enorme aparato de difusión para decir medias verdades. O mentir de la peor manera: no diciendo nada. Hasta que hay los que dicen basta.


La lógica de crecer

Me contaba un buen amigo, el joven veterinario Miguel Miranda, uno de los varios empeñados en defender el valle de Lurín, que hizo prácticas de salud pública y comunitaria en alguna región agreste de Puno. Y que, en una ocasión, se le acercaron colonos a quejarse de la presencia de pumas que asolaban sus tierras. El profesional respondió con una repregunta: “¿Hace poco que han ampliado sus terrenos?”, a lo que la respuesta unánime fue sí. El problema del puma estaba resuelto para Miguel: “Ustedes han invadido el territorio del puma, ¿qué esperan? El puma está defendiendo su hábitat.” Alegaron los invasores que tenían derecho a progresar, etc., esperaban recetas para matar pumas que no recibieron, claro.



La maldición del petróleo


Esa pequeña historia es muy ilustrativa, resume lo que siempre se ha hecho y se sigue haciendo: invadir, usar para provecho propio lo ajeno, imponer lógicas extrañas de aprovechamiento del lugar invadido, sin pensar en las consecuencias, y acusar de agresivo al que siempre estuvo allí y defiende su modo de vida y su espacio. Se llama conquista. Belaúnde lo dijo explícitamente: conquista del Perú por los peruanos y mandó echar napalm a los habitantes amazónicos a los que, con coro unánime limeño, llamaba salvajes, pero no peruanos. Y siempre el conquistador alude razones de superioridad. Jamás estuvo en aquel lugar, solo quiere saquearlo, pero presume de conocerlo mejor y desprecia (o teme) al invadido, que vale mejor muerto que vivo.

Ese proceso es el mismo de la conquista del planeta por Occidente, tamaña hazaña de quinientos años que prosigue y prosigue y prosigue, convencidos los dominantes de que la Tierra tiene recursos infinitos. Pueden los liberales dotarse de mil finuras verbales, acomodarse en la pulcritud de sus discursos, y la estricta razón de las leyes, pueden los viejos marxistas responder en el mismo tono para decir que lo que hay que hacer es distribuir mejor los réditos del petróleo, la misma lógica devastadora lleva a cambio climático, pandemias una tras otra, y lo primero la desaparición del otro, del extraño.

En eso estamos

Estamos en un Estado dictatorial no por Vizcarra que es uno más, sino por todos los que deciden e imponen modos de pensar y de actuar. Vivimos una dictadura en la que los pueblos como los que en la Amazonía solo reclaman vivir decentemente, que los tomen en cuenta, que atiendan demandas elementales sin respuesta. Las sintetizó Jorge Pérez Rubio, el inteligente presidente de la Organización Regional de los Pueblos Indígenas del Oriente (ORPIO), en la movilización reciente: “que el 5% de la producción fiscalizada de petróleo se destine a cerrar la brecha de pobreza de toda la cuenca del Puinahua, y que se establezca una agenda global o general de los pueblos indígenas, para que las empresas petroleras que han causado contaminación en los últimos 50 años remedien todos esos lugares, mediante un Plan de Cierre de Brechas”.



Declaración a medio local del presidente de ORPIO: indígenas no estaban armados y recibieron balazos durante plantón frente a lote 95


Demandas que son de décadas, y que, para ser atendidas, requieren que la fuerza de las movilizaciones responda a la fuerza de la prepotencia conquistadora. Porque si no se hace así, no habrá atención jamás. ¡Qué tal democracia, esta! ¿Pero, les queda otra posibilidad?

El virus más mortal es el humano prepotente e individualista, el negador de verdadera civilización que solo es colectiva, de selección grupal, y el promotor de los otros virus, los que vienen por avión. Sobre lo cual íbamos a hacer este texto, los virus diversos generadores de pandemias que ya vienen, que están en el aire, incluso en la Amazonía que si la destruyen se liberan, y que son varios (volveremos con eso), pero el virus peor, el humano insensible y codicioso distrajo nuestra intención cuando se lanzó a matar peruanos para proteger a extranjeros.

Me dicen amigos en las federaciones indígenas de Loreto que se hartaron y van a defenderse sin ceder, que muchos de ellos son licenciados. Dicen que han arriesgado su vida por defender al Perú, y con mayor razón defenderán su tierra natal, donde viven sus familias y sus hijos.

“Queremos lo que nos pertenece. Queremos respeto por nuestros ancestros y sobrevivir a la pandemia del abandono, la discriminación, la pobreza, la indiferencia, etc.”, ha escrito elocuentemente el joven y talentoso pintor Rember Yahuarcani. Eso es lo que reclaman, ojalá que ya no cedan más, que ya no crean más en papeles escritos y firmas importantes. Ojalá que ellos y todos los otros pueblos, se planten firmes. Ya es hora. Los que aspiramos un Perú sustentable y para todos, los seguiremos y acompañaremos.

 
 
 

Comentarios


Publicar: Blog2_Post

+51 991157728

©2020 por La página de Canuto. Creada con Wix.com

bottom of page