DEBEMOS REINVENTARNOS
- David Roca Basadre

- 28 ago 2020
- 7 min de lectura
Actualizado: 12 sept 2020
DEBEMOS REINVENTARNOS
Por David Roca Basadre

El centralismo que agobia al Perú, agobia y desmenuza la política: somos una república fallida.
Desde la crisis generada por los tres jinetes del apocalipsis en el Perú – aquí nos tocaron tres: Abimael Guzmán, Alan García y Alberto Fujimori – la política peruana se ha convertido en actividad descarada de simple emprendimiento económico personal para la mayoría de aquellos que suelen postular y, peor, ser elegidos. En los inicios republicanos tras 1821 ya era un pozo séptico donde pululaban caudillos ambiciosos, pero al menos se mantenía cierta apariencia de debate ideológico, entre élites es verdad, pero algo. Lo de ahora es el nadir.
La mayoría de políticos, como esa reciente joya de congresista, paradigmático él, que no sabe por qué vota, pero vota, o como el célebre juramentado aquel que juró por algún dios, pero sobre todo por la plata, no son especímenes raros, son la norma. Las excepciones, que hay felizmente, los que quieren representar y toman el asunto en serio con algún norte, no son noticia para los diarios. Quizá porque el aburrimiento y la vida prosaica son otra forma de inutilidad, y es que nuestros pocos personajes, llamémoslos buenos, de hoy son así: cero de imaginación. Igual que el gris Vizcarra este…
Un repaso rápido por las organizaciones políticas existentes, no deja lugar para mayores ilusiones. Sumas de intereses muy concretos y mezquinos, aliados sin tapujos de empresas corruptas como los dueños de las universidades negocio, grupos sin cohesión de los que se puede esperar cualquier cosa como Acción Popular, una izquierda muda sin rumbo y además - y para variar - más dividida aún, un grupo religioso protagonizando política a veces llamativa pero que no deja de ser un grupo religioso con dogmas, un proyecto de partido liberal con ideas perdedoras algo deforme y con caudillo que genera dudas enormes… ¡no disponemos de nada! Y los no representados en el congreso, léase APRA o PPC, hace tiempo que perdieron la virginidad de sus mejores tiempos.
La balota electoral de 2021 amenaza con ser un juego de azar que no solo no nos ayudará a resolver los problemas que tenemos y los que sabemos que se vienen, sino que probablemente nos hunda mucho más. La lógica instalada que prioriza al individuo sobre el colectivo y que aísla y disecciona socialmente al conjunto de peruanos, la idea de competitividad elevada al nivel de imperativo natural, todo ello si prevalece a pesar de los resultados a la vista, es el camino seguro para que no solo los espíritus reflexivos, sino cada ciudadano, se cuestionen todos sobre nuestra viabilidad como país.
Si vamos a seguir en la misma vía, y luego elegir entre lo que hasta ahora hay de oferta, eso significaría que no hemos aprendido nada, que todos estos años de aparente éxito económico devastado en un tris por un virus, no se han valorado en su espectacular fragilidad. Si el pasado no aclara el porvenir, decía Tocqueville, el espíritu avanza hacia las tinieblas.

El caricaturista y humorista Carlín, grafica muy bien la hora política, con este Congreso y el gobierno de Vizcarra.
Buscando otra cosa
Debe haber otra posibilidad, que no se ve. Algo que brote de un aprendizaje necesario que debe ser colectivo, de todos los pueblos, tan diversos, entrelazados en esta vasta geografía, que deberían consensuar criterios para saber, esta vez sí, elegir correctamente a sus representantes, a los administradores de la casa común en nuestro territorio. Y, por qué no, asumir directamente las responsabilidades.
Pero, ¿cómo reconocerlos? En medio de la crisis, en medio de esta edad media virósica, aparecen todo tipo de prestidigitadores, de vendedores de sebo de culebra, de aprendices de magos, de estafadores de baja estofa, que llenan el espacio dejado por la ausencia de propuestas de país.
Esas grandes ideas inspiradoras y movilizadoras que extrañamos porque ya no existen, han sido reemplazadas por discursos que no son capaces de ir más lejos del bolsillo del propietario, y la cabeza alborotada por la necesidad, la desinformación, y el desengaño, de los votantes.
A todo lo cual resta más, ahora, el discurso liberal derrotado que trata de regresar una y otra vez como muñequín porfiado, buscando cómo salvarse repetido en columnas de comentaristas permanentes que aún se agitan buscando fórmulas, y en las apolilladas políticas de fracaso aferradas al Ministerio de Economía y Finanzas.

Si se siguen las mismas políticas de siempre, el Perú será inviable
Jamás saldremos del hoyo si proseguimos con las privatizaciones obsesivas, con la avaricia del ahorro y poco gasto en los servicios públicos, con la improvisación y la ausencia de alternativas a las políticas pensionarias, con los rescates de las grandes empresas y de los bancos con el dinero de todos, con el descuido de la pequeña actividad agrícola, con tanta indiferencia ante la devastación de bosques, mar, fuentes de agua y valles, con la agenda exportadora como primera prioridad, con la promoción del extractivismo a costa de las poblaciones, con el racismo a flor de piel que se refleja en las políticas tan lejanas de las mayorías del Estado, y en los olvidos significativos del Estado. Jamás saldremos del hoyo si no dejamos de creer, como desde hace 200 años, que el país en que vivimos es para otros, y no para nosotros.
Perú, país…
Un breve artículo, reciente, del empresario Roque Benavides insiste en – eso es de esperar –la idea del país minero, que lo beneficia, y agrega país pesquero, agrícola, y trata de deslindar del pasado guanero desperdiciado para beneficiar a pocos bajo la coartada de los intereses del Estado, y olvida la tragedia cauchera también para beneficiar a pocos que, decían, era importante prosiguiera para beneficio de la hacienda pública, o el genocidio petrolero para ahorrar dineros públicos, olvida mencionar el empobrecimiento descomunal de la biomasa marina, se refiere a la agricultura que le interesa que es para servir mesas lejanas y así, su argumentación no va a lo esencial.

El mar peruano ha perdido más del 50% de su biomasa original por el exceso de pesca, para atender demanda ajena a la nuestra.
Y es que, en todos esos casos, presentes y pasados, se trató y se trata de actividades extractivas con sacrificio de poblaciones, y para atender demandas extrañas, ajenas al país, con beneficio extraordinario de intermediarios – como él mismo – y postergación de mayorías.

La opulencia de algunos y la miseria de los de siempre: también con el guano.
¡Tanto tiempo vendiendo piedras, por mencionar lo reciente, ahorrando plata como avaros, con una economía plena de dinero de informales, ilegales y traficantes que son los que sostienen el sistema financiero, este que ya se vino abajo, para que tengamos que leer lo mismo! Lo dicho, discursos que no son capaces de ir más lejos del bolsillo del propietario.
“La imaginación al poder” decían los movilizados de mayo del 68 en París, inspirados en los surrealistas europeos. Ellos desarrollaron su propio proceso de revolución cultural que, sin embargo, fue poco a poco asumido por el gran sistema de mercado que sabe sacar partido de todo. Pero no por ello menos inspirador, el choque fue conmovedor en su tiempo y su lugar. Cambió cosas.
La frase, pues, queda. Para encarnarse en otras latitudes, porque el principio es válido: sin imaginación no hay nada.
Reinventarnos
No es un tema de clases, y menos de lucha de clases. Sino de alterar el protagonismo de los actores, y reinventar todo. De redefinir el uso que le daremos al territorio, y cómo lo ocupamos. Decíamos arriba: qué nuestro país sea para nosotros, ya no para otros.
Debemos quebrar el espinazo de la economía transnacionalizada, para hacer como hacen todos aquellos a los que nos ponen como ejemplo: proteger nuestra industria, nuestra gente, e independizar nuestra moneda. Es que ya no se puede tener reservas en monedas que, como el dólar, pronto no servirán para gran cosa.

Es hora, también, de abandonar al dólar como reserva
Descentralizar, movilizando población y yendo a contracorriente, ruralizando y generando y fortaleciendo mercados locales con circuitos locales de intercambio sólidos, sostenibles. Apoyando con mucha fuerza la pequeña agricultura para buscar al máximo la posibilidad de la soberanía e independencia alimentaria. Sí se puede.
Dar al arte y a la cultura el espacio que es esencial para que una sociedad tenga personalidad, autoestima, fortaleza moral, valores estimables y capaces de cohesionar naciones.

La cultura es factor de cohesión de los pueblos
Crear mecanismos extendidos de movilización y fiscalización de la gestión de los bienes comunes. Repensar las formas que puede asumir la representación política, está claro que lo de ahora no va más.
Decíamos también, promoviendo a nuevos protagonistas: muchos conocemos a estupendos profesionales y dirigentes que brotan del movimiento campesino, indígena, popular urbano que pueden fácilmente reemplazar a quienes durante doscientos años han demostrado que son incapaces de forjar un país. Busquemos allí, entre los que son orgánicos en el mundo alterno al del establishment vigente - y no se avivaron todavía como criollos, que también hay de eso - a los nuevos representantes.

Nuevos dirigentes que broten de las justas demandas de la gente, en defensa del territorio y de la vida
“Seamos nosotros los que determinemos cuáles van a ser las leyes que se van a seguir, seamos nosotros los que utilicemos las leyes de la naturaleza, las leyes de nuestros cuerpos, las leyes del agua, para determinar qué es lo que se va a hacer en armonía con la naturaleza. Seamos nosotros los que contemos la historia y no permitamos que sean aquellos interesados en el dinero y la codicia los que la cuenten”, dice Vandana Shiva, dirigiéndose a multitudes.

Debemos refundar el Perú independiente, noviembristas, con las consignas de un Perú para todos de Tupac Amaru, el 10 de noviembre de 1780. Y contra la fallida república juliana de 1821, que rememora su bicentenario fracaso.
Hablamos hace pocos días de otras fiestas patrias. Debemos, pues, dejar a los julianos de 1821 y sus mezquindades atrás, para asumir el desafío noviembrista, el del 10 de noviembre de 1780 nacido con Tupac Amaru, integrador de todos los que nacimos en estas tierras. Partir de allí.
Imaginar, crear, recrear. Fundar, refundar. O comenzamos de nuevo, o esto no va más.




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